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¿Existe alguna relación entre nuestro intestino y nuestro cerebro?

CUNIMAD

Martes, 2 octubre, 2018

Nutrición

Dr. Félix Gómez Gallego Profesor del Grado en Nutrición CUNIMAD

Cuando hablamos de la relación entre nutrición y sistema nervioso, nos surgen varias preguntas: ¿puede influir nuestro sistema intestinal en el desarrollo de trastornos mentales? La dieta, ¿puede modular esta relación?

Por un lado, es bien conocido el hecho de que en nuestro intestino existen millones de neuronas que, de una manera autónoma producen una gran cantidad de neurotransmisores que regulan numerosos procesos fisiológicos. La serotonina es uno de estos componentes que influye directamente en los movimientos peristálticos del intestino o en la secreción de los jugos gástricos. Además, la serotonina tiene una función clave en la regulación de la conducta y del estado de ánimo.

Por otra parte, cada vez existen más evidencias de que el sistema nervioso central y el sistema digestivo funcionan de una manera absolutamente coordinada cuya conexión se establece fundamentalmente a través del nervio vago, que inerva además gran parte del sistema digestivo. Este papel crucial del sistema nervioso intestinal ha hecho que sea conocido como el “segundo cerebro”, precisamente por ese carácter autónomo y por su capacidad para regular procesos fisiológicos.

En cualquier caso, este sistema nervioso intestinal, representado por esas neuronas, se desarrolla en un estado de equilibrio que puede verse alterado por diferentes circunstancias y por lo tanto asociarse al desarrollo de patologías.

En este sentido, otro de los actores principales de este proceso está representado por la microbiota intestinal, clásicamente conocida como la “flora intestinal”. La realidad es que todo nuestro tracto digestivo está colonizado por un gran número de microorganismos que conviven de manera “simbiótica” con las células de nuestro organismo. Aunque no existe un consenso claro sobre el número de microorganismos (que fundamentalmente son bacterias) que colonizan nuestro organismo, parece que tenemos aproximadamente el mismo número de bacterias que de células humanas.

Estos microorganismos no han tenido la suficiente atención durante mucho tiempo, pero en los últimos años, con los desarrollos tecnológicos de biología molecular se ha puesto de manifiesto su importancia en el desarrollo normal de los individuos y en su asociación con la enfermedad.

Estas bacterias, en un número aproximado de 4 x 1013, tienen un papel crucial de apoyo al sistema inmune para evitar la colonización de microorganismos patógenos o en el desarrollo de linfocitos. También realiza funciones muy importantes desde el punto de vista fisiológico como en el metabolismo de ácidos grasos, proteínas, polisacáridos o vitaminas.

Por otra parte, este sistema dinámico puede sufrir modificaciones por diferentes motivos y verse afectado en su equilibrio. Por ejemplo, la presencia de antibióticos condiciona sustancialmente el número y composición de esta microbiota, de forma que alteraciones en su estructura se han asociado a numerosas enfermedades, algunas del tracto digestivo o relacionadas con el metabolismo como obesidad, la diabetes tipo 2, enfermedad inflamatoria intestinal o enfermedad de Crohn y otras que en principio, no se asociarían a estas alteraciones como pueden ser los trastornos mentales como la depresión, el estrés u otros más graves y los de tipo neurológico como el Alzheimer o el Parkinson.

Existen en la literatura científica numerosas publicaciones que indican la relación entre las bacterias intestinales y el estado de ánimo a través de alteraciones en la permeabilidad intestinal que puede provocar el desplazamiento de bacterias que provocan reacciones inflamatorias afectando a la producción de los productos propios de las células del tracto digestivo.

En todo este escenario, la dieta también tiene un papel clave por cuanto tiene la capacidad de modular la composición de la microbiota y por lo tanto de influir significativamente en la función que desarrolla.

Definitivamente, parece que la nutrición y la dieta son claves en el mantenimiento de un estilo de vida saludable, pero, ¿hasta qué punto pueden influir en el desarrollo de enfermedades como la depresión, el Alzheimer o el Parkinson?