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Aprendizaje cooperativo: metodología para la gestión inclusiva en el aula

Viernes, 12 junio, 2020

Noticias CUNIMAD

Alberto Pascual Redactor de CUNIMAD

Vamos a darle la vuelta a la clase. En lugar de verla como un conjunto de 28 alumnos, lo distribuiremos en 7 grupos de cuatro. Cada uno de ellos tendrá sus funciones asignadas y un portavoz que hablará al profesor. ¿El objetivo? Sacar adelante un proyecto común de la manera más eficiente posible, poniendo en práctica las asignaturas principales del curso a través del aprendizaje cooperativo. Diferentes puntos de vista, herramientas variadas y, ante todo, diversidad en el aula. Y es que estas pequeñas agrupaciones de estudiantes contarán con alumnos con necesidades especiales que sumarán y aportarán experiencia en la medida que les sea posible.

A grandes rasgos, esta sería la manera en la que Ignacio Perlado anima a los educadores a trabajar en el aula. Como docente del Máster Universitario en Psicopedagogía de CUNIMAD, considera que el trabajo cooperativo pretende favorecer ya no solo la dinámica de la clase, sino la gestión de la diversidad: “Ya no podemos centrarnos en la clase tradicional del profesor explicando la sesión en la pizarra y los alumnos cogiendo apuntes. Es necesaria una revolución, que el docente pase a una dinámica de colaboración con los estudiantes, que use las herramientas que tiene a su alcance para hacer las clases más interesantes”.

Camino a la inclusión

Entre los objetivos planteados por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible 2030, el número 4 pide a los países miembros que garanticen “una educación inclusiva, equitativa y de calidad, promoviendo oportunidades de aprendizaje durante toda la vida y para todos”. Partiendo de esta necesidad, Perlado ve necesaria usar una metodología en clase que favorezca el cumplimiento de esta normativa, lo que requiere, a su juicio, una atención a la diversidad.

Para lograrlo, asegura, se debe dignificar la figura del orientador: “El psicopedagogo del centro no se puede quedar en el despacho esperando a que llegue un nuevo alumno con una necesidad específica”. Para Perlado, hay que cambiar esa visión y llevarle a la propia clase a analizar las situaciones de necesidad en un sistema de co-docencia: “Debe estar dentro del aula, ver cómo funciona para dar acciones y pautas al profesor y al alumno. Pero hay que ir más allá, dar herramientas al tutor para hacer esa gestión inclusiva. Entre ellas, estaría la metodología cooperativa”. Muchos se quedan con la idea de que esta idea únicamente supone trabajar en grupo, pero el concepto va más allá.

Se desarrolla con un objetivo común para todos los miniconjuntos educativos creados de forma equitativa y heterogénea por el profesor: cumplir con un proyecto basado en todas las disciplinas y materias que se estudian en el curso aprovechando las diferentes cualidades de cada uno de los alumnos: “Supone mezclar las distintas áreas en función de un objetivo. Por ejemplo, volcanes. Se trataría de trabajar esta materia no solo desde las ciencias de la naturaleza, sino también desde las matemáticas haciendo cálculos sobre su dimensión, o desde el lenguaje, con una poesía sobre la belleza de la erupción. Actualmente, esta forma de trabajar es la que se usa para la atención a la diversidad”.

5 elementos básicos para el trabajo cooperativo eficaz

Para lograr que los grupos que ha gestionado el profesor mantengan una dinámica efectiva de trabajo, Perlado destaca varios elementos:

  • Interdependencia positiva

Un conjunto de personas forma un grupo cooperativo si sus miembros colaboran por mejorar el trabajo de ellos mismos y el del resto de componentes, poniendo un mayor énfasis en lo que otros hacen: “Tiene que haber una sinergia positiva para que nos ayudemos entre todos”.

  • Responsabilidad individual

Puede que un miembro esté ayudando mucho al resto, pero si falla en su propio cometido, afecta al resto de componentes: “Debe ser responsable con su trabajo”.

  • Interacción promotora

La idea es que el grupo en su totalidad saque trabajo adelante. No puede ser que dos tiren hacia delante y el resto se quede mirando. Aquí entra en juego el concepto de ‘técnicas cooperativas’, una acción que el profesor explica a los alumnos y que cala en su forma de trabajar: “Por ejemplo, la técnica ‘lápices al centro’ implica que los alumnos se paren a pensar y discutir sobre una actividad que hay que desarrollar. Cada uno se retroalimenta de los problemas y soluciones sobre el trabajo hasta llegar a un acuerdo. Se producen así verdaderos aprendizajes significativos y, por tanto, duraderos en su memoria”.

 

  • Técnicas sociales interpersonales

Son las habilidades que debe tener el alumno para trabajar con sus compañeros. La figura tradicional del docente desaparece para convertirse en un rol de apoyo: “Está alrededor de cada uno de los grupos ayudando y apoyando las acciones cooperativas, analizando cómo se relacionan entre ellos. De esta forma, puede centrarse en ayudar a aquellos alumnos con necesidades especiales, quienes a su vez siguen trabajando con sus compañeros. Hasta ahora un estudiante con Trastorno del Espectro Autista, síndrome de Down o hiperactividad tenía unas actividades diferentes al resto. Trabajando así, los alumnos avanzan”.

  • Evaluación grupal o co-evaluación

No se refiere a la tradicional. Es como un cuaderno de equipo en el que van viendo cómo han trabajado y se van a autoevaluar: “Aquí es importante tener en cuenta los roles de quienes forman parte del equipo: el secretario que organiza la gestión de trabajo y de material; el portavoz, que habla con el tutor; el organizador de tareas…”. Estos roles no son siempre los mismos, varían a lo largo del curso, de manera que la evaluación que hacen de su eficacia es vista desde diferentes prismas.

¿Es difícil adaptar la metodología de cooperación en el aula?

Quizá es uno de los mayores miedos para los directores de centros educativos: abandonar el modelo tradicional y apostar por nuevas metodologías que supongan un cambio radical en la manera de organizarse en el aula. Pero el profesor Perlado lo tiene claro: “No es nada complejo. Supone el mismo esfuerzo que si un docente plantifica sus clases, lo único que lo hace de manera cooperativa pensando en el alumno con necesidades especiales. Debe saber qué tipo de ejercicios hacer dentro de su grupo, diversificando la actividad, de manera que a su nivel pueda hacer lo mismo que sus compañeros”.

El orientador es quien juega un papel importante en este punto, ya que será el quien deba asesorar al docente cómo hacer esa diversificación de la mejor manera: “Desde el Máster Universitario en Psicopedagogía de CUNIMAD animamos a los futuros orientadores a que se conviertan en un apoyo para el docente, aconsejándole cómo actuar. Es lo que conocemos como cooperación docente o co-educación”.

Son muchos los colegios en España que ya han puesto en práctica esta metodología y con éxito, lo que demuestra que el aprendizaje cooperativo es una realidad cada vez más posible en el aula: “Los alumnos lo viven con ilusión, porque han podido trabajar con sus propios compañeros. El ambiente es más distendido y el resultado en sus aprendizajes, en sus habilidades sociales y en la inclusión hacia el otro es mejor. Aprenden mucho de los miembros del equipo, se crea una empatía muy fuerte. Algo que acaba generando una mayor atención a la diversidad inclusiva en el aula”.

Titulación relacionada:

 Máster Universitario en Psicopedagogía