• Metodología CUNIMAD
  • 91 790 97 32

Cuidemos de nuestra salud, también en Navidad

Metodología CUNIMAD

Miércoles, 27 diciembre, 2017

Nutrición

Bárbara Pérez Köhler Profesora del Grado en Nutrición Humana y Dietética de CUNIMAD

Llegó el mes de diciembre y con él llegaron las Navidades. Aunque a muchos nos cueste reconocerlo, ha pasado ya un año desde aquel instante en el que, haciendo alarde de un optimismo exacerbado, pronunciamos en voz alta un ya tradicional “después de las fiestas voy a…” ¿Ponerme a dieta? ¿Apuntarme al gimnasio? ¿Ir al trabajo andando o en bici? ¿Dejar de fumar? Son muchas las opciones que encajan en ese propósito, casi tantas como intentos fallidos hemos ido acumulando a lo largo de los años.

Estas fechas siempre inspiran nuevos planteamientos, retos y objetivos a lograr, es decir: propósitos de año nuevo. Tener objetivos es necesario, sobre todo si van enfocados al cuidado de nuestra salud. Pero en muchas ocasiones cometemos el error de perseguir objetivos ambiciosos, pretendiendo llegar a ellos rápidamente (y a ser posible sin sufrir por el camino). ¿Qué sucede con esto? La respuesta es sencilla: nos frustramos al ver que no conseguimos el objetivo planteado y abandonamos prematuramente nuestros propósitos.

Pensemos en estas fechas: la Navidad es una época de reencontrarse con familiares y amigos, de reunirse y compartir con nuestros seres queridos. Casi todos estos momentos los disfrutamos alrededor de una mesa, por lo general abarrotada de comida, bebida y toda clase de dulces. Una tentadora combinación a la que no renunciamos porque “es Navidad”, lo que nos encamina casi con total seguridad a terminar el año proponiéndonos seriamente comenzar a comer más fruta y verdura y abrir matrícula en el gimnasio del barrio. Nos decimos a nosotros mismos que “este año lo consigo”, aunque algo en nuestro interior nos sugiere que el intento va a terminar en fracaso como sucedió el año pasado, y el anterior, y el anterior a ése. Así es el ser humano, un animal de costumbres.

Precisamente, como somos rutinarios en nuestros hábitos de vida, intentemos actuar de forma diferente esta vez para salir de esta espiral. Todos sabemos que los excesos navideños son prácticamente inevitables: aperitivos, comidas, cenas, dulces, copas … ¡Es difícil resistirse a todo esto! Pero si queremos que nos abroche el botón del pantalón o la camisa al terminar las fiestas, debemos hacer algunos esfuerzos por mantener estas situaciones bajo control.

¿Cómo podemos hacerlo? Se me ocurren algunas ideas sencillas fáciles de aplicar: cuando nos sentemos a la mesa, sería bueno intentar no picotear demasiado en los entrantes, renunciar a repetir tras terminar el plato principal y seleccionar únicamente un dulce en el postre, o bien sustituirlo por alguna pieza de fruta. En los días que transcurren entre las fiestas, uno puede optar por hacer comidas ligeras que compensen los excesos de días anteriores. Cuando quedemos con amigos o familiares, podríamos salir a dar un paseo en lugar de encontrarnos en un bar o restaurante. Pasear por la ciudad para visitar los mercadillos y las decoraciones navideñas es una excusa estupenda para hacer un poco de ejercicio que siempre nos va a venir bien.

Pequeños gestos como estos pueden sernos de mucha utilidad para cuidar de nuestra salud sin dejar de disfrutar de las Navidades. Si lo hacemos, seguro que llegaremos al mes de enero con más motivación para enfrentarnos a nuestros propósitos de año nuevo. Con esta actitud, seguro que este año sí lo logramos.

Titulación relacionada:

 Grado en Nutrición Humana y Dietética