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El individuo, un nuevo ecosistema

Metodología CUNIMAD

Lunes, 20 noviembre, 2017

Nutrición

María Úbeda Cantera Profesora del Grado en Nutrición Humana y Dietética de CUNIMAD

El cuerpo humano está colonizado por una gran cantidad de microbios, denominados colectivamente microbiota. Nuestro organismo posee 10 veces más células de microorganismos que humanas, la mayoría bacterias, y el 90% de estas se encuentran en nuestro intestino, fundamentalmente en el colon. Somos más bacteria que persona.

El ser humano ya no se considera un individuo, ahora somos un ecosistema, distintas especies, células humanas y de microorganismos, conviviendo. Haciendo un paralelismo con la teoría del “gen egoísta” de Richard Dawkins, que sostenía que “Somos máquinas de supervivencia, autómatas programados a ciegas con el fin de perpetuar la existencia de los egoístas genes que albergamos en nuestras células”, podríamos decir que también existe “la bacteria egoísta”, por la que existimos simplemente para proteger y transmitir nuestras bacterias intestinales.

Desde el momento del nacimiento, la colonización bacteriana del intestino depende de múltiples factores como el tipo de alumbramiento (parto natural o cesárea), la alimentación (leche materna o de fórmula), la microbiota materna o el uso de antibióticos. La composición de la microbiota en cada individuo se empieza a estabilizar alrededor de los 3 años de edad, cuando alcanza su máxima diversidad, y empezamos a colaborar en múltiples procesos.

Hemos coevolucionado en una relación simbionte, de cooperación mutua. La microbiota intestinal nos ayuda con la fermentación y digestión de los carbohidratos, la síntesis de vitaminas, el desarrollo de nuestro sistema inmune, e impide que seamos colonizados por microorganismos patógenos. Nosotros a cambio les ofrecemos un “hogar” y los nutrientes para su supervivencia. La microbiota y el sistema inmune evolucionan conjuntamente. No en vano nuestro sistema inmune, el encargado de protegernos de los patógenos, es capaz de reconocer a estas bacterias como aliadas e incluso las necesita para su correcto desarrollo.

Ya no hay que “comer por dos” como se dice comúnmente a las mujeres durante el embarazo, hay que comer por cientos, millones, billones. La dieta tiene efectos profundos en la composición de la microbiota intestinal y, a su vez, la capacidad de la microbiota para procesar una dieta determinada afecta al nutriente y su valor energético, lo que influye a su vez en nuestro organismo.

La malnutrición afecta tanto al sistema inmune innato y adaptativo como a la microbiota. La tendencia de pensamiento actual propone que no es la enfermedad la que provoca cambios en nuestra microbiota intestinal, sino que los cambios en nuestra microbiota causan o contribuyen al establecimiento de las enfermedades. Actualmente se sabe que alteraciones en la función y la diversidad de nuestras bacterias intestinales, lo que en jerga científica llamamos disbiosis, están estrechamente relacionadas con enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo I, en algunos tipos de cáncer como el colorrectal, en personas con obesidad, e incluso en determinadas patologías psiquiátricas.

Así que, ¡cuidemos a nuestras bacterias y ojo con lo que comemos!

Titulación relacionada:

 Grado en Nutrición Humana y Dietética