• Metodología CUNIMAD
  • 91 790 97 32

Orientar desde la resiliencia

Metodología CUNIMAD

Miércoles, 29 noviembre, 2017

Psicopedagogía

Carmen Lamata Molina Profesora del Máster Universitario en Psicopedagogía de CUNIMAD

La resiliencia es la capacidad humana para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y ser transformado positivamente por ellas (Grotberg, 1998). Se concibe como un proceso y no un estado final que se desarrolla a lo largo de la vida y se construye en interacción con el contexto.

Etimológicamente proviene de la física donde se usa para nombrar la capacidad de ciertos materiales de resistir un impacto y retornar a su forma original. En psicología se adopta el término a partir de la década de los 70 y, progresivamente, su uso se difunde en otras ciencias sociales.

A nivel profesional me ha sido de gran interés implementar un modelo de intervención basado en la promoción de la resiliencia.

Es sorprendente lo que despierta en las personas presentar de manera explícita el concepto de resiliencia. Sea con el alumnado, profesorado o familias, trabajar desde la resiliencia permite traducir las necesidades en posibilidades de aprendizaje, las dificultades en oportunidades de crecimiento y orientar a las personas y grupos hacia la superación.

En el caso de los alumnos, especialmente aquellos con mayores dificultades, introducir el concepto de resiliencia permite no centrarse únicamente en sus necesidades, sino reflexionar sobre sus capacidades e incorporar el estímulo de las mismas en los planes de trabajo. Cuando los alumnos se identifican como potencialmente resilientes generan mayores expectativas de cambio y encuentran un asidero desde el que motivarse para avanzar.

Para orientar al profesorado resulta beneficioso reforzar la resiliencia y asociar la función de tutor de resiliencia con la práctica docente, recupera una dimensión más vocacional del trabajo y fortalece a los profesionales para afrontar mejor las nuevas demandas a las que les someten las familias, administración y sociedad. La resiliencia otorga nuevo valor y sentido a sus prácticas y suscita mayor confianza en sus capacidades.

A nivel de centro, formar progresivamente una cultura resiliente ilusiona a toda la comunidad. Las dificultades dejan de asustar y se generan redes de trabajo enfocadas a encontrar soluciones creativas y constructivas. La organización adquiere mayor capacidad para renovarse y aprender. Además, las iniciativas que se emprenden para desarrollar capacidades del alumnado, compensar desventajas, igualar oportunidades o dar mayor proyección social al currículo, se integran como parte de un proyecto educativo donde la escuela se comprende como tutora de resiliencia social.

Por tanto, los diferentes modelos que existen para trabajar la resiliencia (Wolin y Wolin, 1993; Grotberg, 1995; Vanistendael y Lecomte, 2002; Henderson y Milstein, 2003) son de gran utilidad para todo orientador. La promoción de la misma en la escuela hacer aflorar lo mejor de alumnos, profesores y centro y, como orientadores permite “invertir nuestra energía” hacia el logro del mayor desarrollo humano y comunitario.

Titulación relacionada:

 Máster Universitario en Psicopedagogía